Como consejeros bíblicos, somos llamados a ministrar la verdad de Dios en amor (Efesios 4:15), confiando plenamente en la suficiencia y autoridad de las Escrituras (2 Timoteo 3:16–17). Nuestro propósito es glorificar a Dios haciendo discípulos, exhortando al arrepentimiento y ofreciendo esperanza por medio del evangelio de Jesucristo. Este Código de Ética afirma nuestro compromiso inquebrantable con la fidelidad bíblica y la santidad personal mientras pastoreamos almas.
1. Autoridad de las Escrituras
- Afirmo que la Biblia es la Palabra de Dios inspirada, infalible y suficiente, útil para enseñar, reprender, corregir e instruir en justicia (2 Timoteo 3:16).
- Aconsejaré conforme a todo el consejo de Dios (Hechos 20:27), sin sustituir la verdad bíblica por teorías o filosofías seculares.
2. Ministerio Centrado en Cristo
- Proclamaré el evangelio de Jesucristo como la única fuente verdadera de sanidad, esperanza y transformación (Romanos 1:16).
- Dirigiré a los aconsejados a la persona y obra de Cristo, reconociendo que el cambio duradero viene por el poder del Espíritu Santo (2 Corintios 3:18).
3. Integridad Personal y Santidad
- Buscaré la santidad personal, reconociendo que mi vida debe reflejar el carácter de Cristo (1 Pedro 1:15–16).
- Me examinaré regularmente (2 Corintios 13:5) y buscaré rendición de cuentas en mi caminar con el Señor.
4. Amor y Compasión
- Hablaré la verdad en amor (Efesios 4:15), demostrando paciencia, mansedumbre y humildad hacia aquellos a quienes aconsejo (2 Timoteo 2:24–25).
- Evitaré la dureza, la manipulación o una actitud crítica, recordando que Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10).
5. Confidencialidad y Confianza
- Mantendré la confidencialidad, compartiendo información solo cuando sea bíblicamente necesario (Proverbios 11:13), como en casos de peligro, abuso o pecado no arrepentido que requiera la intervención de la iglesia (Mateo 18:15–17).
- Nunca usaré información confidencial para beneficio personal ni para dañar a otros.
6. Dependencia del Espíritu Santo
- Aconsejaré con oración, confiando en la guía y sabiduría del Espíritu Santo y no en mi propio entendimiento (Proverbios 3:5–6).
- No procuraré “arreglar” a las personas, sino señalar fielmente al Único que puede transformar los corazones (Ezequiel 36:26).
7. Compromiso con la Iglesia Local
- Reconozco a la iglesia local como el contexto principal establecido por Dios para el crecimiento espiritual y la rendición de cuentas (Hebreos 10:24–25).
- Animaré a los aconsejados a participar activamente en su iglesia local y a someterse a un liderazgo piadoso (Hebreos 13:17).
8. Crecimiento Continuo y Mayordomía
- Estudiaré diligentemente la Palabra de Dios, creciendo en sabiduría bíblica y habilidad en la consejería (Proverbios 1:5).
- Administraré con humildad y fidelidad los dones que Dios me ha dado, sin aconsejar más allá de mi competencia (Romanos 12:3–8).
En todo, procurarémos glorificar a Dios y pastorear a Su pueblo con gracia y verdad. Reconocémos que la labor de la consejería bíblica no es meramente profesional, sino pastoral, y debe realizarse con temor del Señor (Proverbios 9:10) y amor por Su pueblo (Juan 13:34–35).
“A Él proclamamos, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre con toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre.” — Colosenses 1:28



